Gilberto Santa Rosa en el icónico Radio City Music Hall.

El icónico salsero puertorriqueño Gilberto Santa Rosa encendió el escenario del Radio City Music Hall este sábado con su gira «Auténtico», brindando a su público una noche llena de ritmo y emoción en el legendario teatro neoyorquino.

Para Santa Rosa, esta presentación fue una doble celebración, ya que coincidió con su aniversario de bodas número 11, una ocasión especial que compartió con su esposa, Alexandra Malagón, presente entre el público.

Los seguidores del «Caballero de la salsa» disfrutaron de principio a fin, entonando sus éxitos y dejándose llevar por el ritmo contagioso de su música. El ambiente en el teatro era de pura euforia, con muchos aficionados moviéndose al compás de la música desde sus asientos, hasta convertir el recinto en una gran pista de baile al final del espectáculo.

Santa Rosa, acompañado de su destacada orquesta compuesta por 15 músicos y coristas, ofreció un repertorio variado que incluyó clásicos como «Conteo regresivo», «Perdóname», «Montón de estrellas» y «Conciencia». Además, sorprendió a la audiencia con algunos boleros, género en el que también ha dejado su huella a lo largo de su carrera.

Uno de los momentos más emotivos de la noche fue el homenaje al fallecido salsero puertorriqueño Tito Rojas, con el tema «Por la calle del medio». Santa Rosa proyectó imágenes de Rojas en un estudio de grabación mientras interpretaba el tema, permitiéndole así cantar a dúo con su amigo en un emotivo tributo.

El cantante también aprovechó para rememorar sus inicios en Nueva York desde 1978, recordando lugares emblemáticos como el club El Corso, donde la comunidad latina se reunía para bailar al ritmo de grandes orquestas. Con un toque de nostalgia, Santa Rosa revivió algunos éxitos de los años 80, transportando al público a través del tiempo con temas como «Lluvia» y «Botaron la pelota».

El espectáculo llegó a su clímax con «Que manera», en una verdadera fiesta donde los músicos del cantante se unieron en primera línea para despedirse con alegría de los neoyorquinos, dejando un recuerdo imborrable en la memoria de todos los presentes.